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La dictadura del sexo, por Ray Niebla

Ray Niebla

En todas las civilizaciones, que se conocen, se ha tenido al amor como esencia de la felicidad, como la última ratio para  tener una vida feliz, y yo no voy a ser menos, ni  tampoco lo voy a enfatizar, y lo mismo ha pasado con el sexo, cuyo fin principal fue, si no me equivoco, la procreación. No hace falta remontarnos a  milenios para darnos cuenta que  todo aquel que  abogaba, o aboga, por tener al amor y al sexo como éxtasis de la comunicación entre parejas; la panacea del bienestar, estaban reclamando eso, un amor  imposible o un sexo  irreconocible, y por tanto  su dolor era y es tremendo. A veces me pregunto si en verdad el ser humano trajo el sexo ya de fábrica, o lo descubrió después, y esto daría para otro artículo más denso.

Descubrir  las virtudes del sexo, es fácil y no seré yo el que se ponga a enumerarlas,  ya que cada uno debe saber qué significan para él, pero si tengo que decir que no es todo oro lo que reluce, el sexo, relacionado incluso con el amor, es una fuente de conflictos tan tremenda que causa no pocas acciones humanas, a veces reprobables y a veces  mucho más, y por ello deberíamos plantearnos qué es el sexo, qué hacemos con él, y qué beneficios nos trae.

En las sociedades actuales se ha avanzado mucho en la consecución de derechos e igualdades, sobre todo de las mujeres, y bienvenidas sean, aunque hay que decir que no se yo, si algunas féminas saben administrarlas, pero esta sería otra historia, por ello, me veo en la obligación de decir que  la sexualidad en uno y otro género no funciona de la misma manera, eso sí, saber que es cuestión de hormonas y nada tiene que ver con los sentimientos o con la percepción  de la vida; y funciona tan de distinta manera, que el hombre siempre es el que lleva la peor parte; dicho así sin vaguedades; es el hombre el que tiene que andar mendigando sexo, es el hombre el que tiene que dar, casi siempre,  el primer paso, es el hombre el que debe llevar todo el peso de la relación placentera, porque si no es un mal partener, y es el hombre el que tiene que divertir a la mujer: “yo quiero un hombre que me haga reir y se sea malote”Que conste que todo esto nada tiene que ver con una relación amigable y amorosa dentro de la pareja, y me refiero a la pareja, en la que entran todas las entidades que se están dando en estos últimos años, y acepciones de género, y como uno de ellos hace siempre de hombre y otro de mujer pues es, el hombre quien  siempre lleva la peor parte, me reafirmo en ello.

Estamos asitiendo a un cambio  social sin parangón en estos tiempos. Puntualizo, no sé si para bien o para mal; la libertad bien entendida, siempre es para bien, pero me temo que la libertad la estamos utilizando para coartar al otro  e imponerle nuestros argumentos, y por ello en el sexo sucede algo parecido. La mujer, en todos sus derivados, al ser, si puede decirse así, más inteligente que el hombre, o mejor, digamos, que ha evolucionado más rápido, o mejor todavía, que lleva en sus genes la virtud de saber controlar las decisiones sexuales cómo y cuándo le apetecen, al contrario del hombre que cuando  le ataca el poder oscuro y rabioso de la sexualidad, no se puede contener y busca sin parar dónde, cómo, ahora, ya, satisfacerlo, y ay! ese es el punto del dolor, ese es el momento donde se van a generar todos los conflictos, algunos de tanta envergadura que  pueden llegar a ser hasta peligrosos.

Los dones de la madre Naturaleza, que se dice son otorgados a los hombres, no dejan de ser una estupidez  inventada por las mujeres seguramente para tener siempe al musculoso y tonto de remate hombre, que en todas sus acepciones,  queda relegado a un simple motete, pero sin composición musical y sin acompañamiento, o sea la nada entre dos platos, y tanto es así que vemos por doquier a hombres llorando por las esquinas, vertiendo lágrimas escocesas,  mintras los Druidas se rien de estos escalfados miopes que lloran lágrimas por  alguien que es igual a él. No, nos engañemos el sexo puede ser muy satisfactorio siempre que vaya ligado al respeto, admiración, visión igualitaria, libertad, y condición, y lo demás son paparruchas.

Ahora,  en los tiempos que corren, tenemos el espejismo de que son las mujeres las que hacen todo el trabajo, pero no es verdad, seguimos como al principio de los tiempos porque así, parece ser que es la naturaleza y engañarnos sería, como mínimo una “tontá” y vemos, cómo hay feminas y féminos que se enzarzan en momentos sexo, intentando ser únicos, singulares, progresistas y hasta si me lo pones, cósmicos y cromosómicos, o sea gilitontos hasta dejárselo sobrado, para al final acabando siempre en lo mismo, sentados en la cama, o en suelo, o en la yerba o donde quiera que sea fumando un canuto, un cigarrillo, o hablando del sexo de los ángeles. ¡Valiente disertación  de diálogos para besugos!   Y es hasta aquí donde nos han llevado, no se si las mujeres, no sé si los hombres, no sé si la estupidez, no sé si  la sociedad, no sé si la contracultura, no sé si la incultura, no sé si el rey, no sé si la reina, no sé si, no sé si, no sé si…, y vemos el cacao maravillao que hay en esta sociedad, donde ya no se sabe quíen es quién y dónde acaba o dónde empieza todo, para al final y lo veréis, volveremos a lo de siempre, porque estamos ya dando la vuelta y,  o nos caemos al precipicio o estamos como al principio.

Por todo ello, yo abogo por  saber cómo manejar la sexualidad, y la única manera es trascenderla, es decir, comenzar a conocerla y saber que no es nada  de aquello que nos dijeron, de aquello que nos contaron y tanto el coco nos comieron, y   que se puede, sobre todo los hombres, en todas sus acepciones, tener sexo cómo y cuándo tú lo decidas, no cómo y cuándo te lo impongan: tu naturaleza o tu  pareja, y para ello hay que  emular a las mujeres y dejar tópicos a un lado. No se trara ni de controlar, ni de coartar, ni de reprimir la sexualidad, no, se trata de hacerla evolucionar hasta saber que  ni debemos sentir dolor, ni tenemos porque sentir aquella llamada salvaje que nos conduce a la nada, ni de la perentoria satisfacción de una ola de sentimientos encontrados, ni de sentir total frustración cuando no lo conseguimos. Hombres y mujeres somos iguales, totalmente iguales, y por ello, nuestra igualdad nos conducirá siempre a la desigualdad, al enfrentamiento  y la causalidad de nuestros errores, y por ende, si queremos ser iguales, comencemos por ahí, y entonces veremos como nuestra vida cambia radicalmente. Entender que la sexualidad es algo descubierto, no tenido y por ello, manejable.

A poco que nos fijemos, todo circula alrededor del sexo; casi todo lo que hace el hombre circula alrededor de la mujer; mata y muere por la caricia de una fémina, y repito en todas sus acepciones, casi todo es un éxtasis de sexualidad que se confunde con amor. Mientras, las féminas esperan y esperan, algunas hasta el fin de su tiempo, se relajan y disfrutan dejando que el fémino siga siendo el torpe, el tonto, el capullo que se muere por ellas. Bueno, tengo que decir que ahora ya casi no es así, pues las féminas se están volviendo tan simples como el  fémino.     Pero en fin, que todo sea por la eterna igualdad.

Ray Niebla

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