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Monólogos desde un diván La aparición por Ray Niebla

Un susurro silbeante me despierta de la modorra que  hace rato me viene acompañando, con ese sabor tan dulzón del sueño, sentado en el sillón orejero donde tantos ratos paso, bien dormitando, leyendo o pensando, y cuando abro los ojos veo en un rincón una figura opaca rodeada de un halo de luz; pareciera que alguien viniera a visitarme, no sé lo que es; hombre o mujer; es un ser amorfo, levitante y que poco a poco se acerca a mí, sin decir nada.

Un escalofrío recorre mi espalda y tengo la sensación que no estoy solo. Es una sensación vivida muchas veces, y a la que ya estoy acostumbrado, aunque esta vez la sensación es más fuerte. Es como si esto lo hubiera estado esperando mucho tiempo y ahora se hiciera efectivo.

Como tantas veces he pensado, si me sucediera una cosa así,  me levanto y en el corto trayecto que me separa de esta visión, le tiendo las manos y le pregunto qué puedo hacer por ti. Nadie me contesta, nadie dice nada, pero intuyo una sonrisa en lo que pudiera ser la cara de esta persona; una sonrisa beatífica, de paz, y eso me confirma que si los espíritus existen no van a venir aquí a hacerle daño a nadie, por ello me acerco más y cuando tengo la sensación de que voy a tocar a esta aparición, un chasquido  resuena a mi espalda y me llevo el susto de mi vida, porque no esperaba ningún ruido, ninguna alteración de esa estampa única; una experiencia que  seguro jamás me será dada otra vez. Sin quererlo  vuelvo la cabeza y observo como el radio cassette  se pone en marcha y una voz comienza a sonar en él. Giro de nuevo la cabeza hacia la aparición, pero ya no está, se ha esfumado tal y como vino y me pregunto si todo esto es un sueño, por lo que me froto los ojos para demostrarme, que no, que todo es verdad, y compruebo que todo ha sido real, o así lo creo,  como mi vida.

La atracción del sonido de la voz femenina que suena me hace concentrarme en ella  y esto es lo que oígo:

“… Sí, me dicen que estoy loca, de remate porque pienso en cosas que nadie piensa y por ello me  crucifican, por ello soy la rara, la que está en otro mundo, pero yo estoy segura de lo que digo y si pienso que algún día los hospitales  van a tener que cerrar porque no habrá enfermos es porque estoy convencida de ello.

 El día en que a los niños se les enseñe en la escuela lo que el es concepto de salud, nadie se pondrá enfermo y sólo aquellos que no lo crean lo harán, pero nunca en las dimensiones que ahora ocurre. Es una locura ir a un hospital hoy en día, pareciera que toda la población está enfema, como si lo natural fuera eso; la enfermedad, cuando lo natural es la salud.

 Es que nos han convencido de que estamos enfermos en cuanto nos duele algo. Nada mas lejos de la verdad, cuando nos duele algo es porque el universo de nuestra energía nos está diciendo que cambiemos algo, que hagamos algo distinto a lo que estamos haciendo: comer menos, comer más, andar menos, reir más, sentir que no es ni tan solo una amenaza, y que no nos hará mella si estamos convencidos y le decimos a ese dolor que no lo creemos que no es su misión acobardarnos, que ese órgano en el que está el dolor tiene la suficiente capacidad para resolver y dejar el dolor porque si nos olvidamos de él el dolor se olvida de nosotros, pero todo esto hay que aprenderlo desde chiquititos; por eso sé que los hospitales serán un mal recuerdo en la mente del hombre.

 Y lo mismo me dicen  de mi locura cuando pienso que la ciencia ha hecho muy poco por el hombre, muy poco; sólo darnos más juguetes con los que entretenernos, pero hacernos más felices nada de nada. A mi preocupan esos hombres llamados de ciencia que se gastan una cantidad de fondos ingente para investigar sobre enfermedades, sobre estrategias de salud, de ver al cerebro como una parte de una máquina que pueda ser desentrañada, pero no se dan cuenta de su plasticidad y de que sólo es un receptor de otras energías mucho más grandes de lo que puedan ni soñar, por ello es imposible, nunca llegarán a entenderlo.

 El cerebro es tan cambiante como personas hay en el mundo, y no sólo eso si no tan cambiante que a la misma hora no es el mismo,  y puede ser varios cerebros a la vez que viven en dimensiones distintas y en tiempos diferentes, y eso  no lo puede entender ni la ciencia ni todavía el propio hombre, porque todavía no sabe que es algo más que una simple máquina, mucho más.  El Alma no está en el cerebro y el que diga lo contrario es un necio. Nunca la encontrarán ahí.

 Y me llaman loca una y otra vez, cuando afirmo rotundamente que dios existe.

 Cómo va a existir Dios ahora que ya sabemos  tanto del Universo. Sí, claro que existe, pero no como nos han contado, no como nos han hecho interpretar los libros sagrados. Todos los libros sagrados de todas las religiones interpretados a la luz de la verdad nos confirman que Dios existe y que está siempre con nosotros porque nosotros somos parte de Dios, igual que una gota de agua del mar es parte del mar, y nunca dejará de ser mar por mucho que intentemos hacer para que no lo sea.

 Sí, por supuesto que somos dioses, polvo divino hecho partículas para  hacer llegar al Padre el propósito de nuestra vida, para hacer vivir las experiencias y poder derivarlas hacia  ese poder innato que tan falto está de ellas, porque con ellas van emparejadas la sabiduría, el concimiento, la creatividad, la extensión de la conciencia; la Vida en definitiva. Nadie aprende de las cosas buenas dicen algunos, pero no saben que si supiéramos ver se aprende de las cosas buenas y de las malas, más de las buenas que de las malas, pero  siempre que pudierámos contemplar estas experiencias a la luz del conocimiento.

 Loca, loca, me llaman loca y  me tumbo en un diván para que un cuerdo me revise y trate de ayudarme cuando soy yo la que puedo ayudarle a él, pero así es la vida. Me llaman loca porque le hablo a mis rodillas, a mi espalda, a mi estómago, a mi cuerpo en general o le hablo a las comidas para decirles que cumplan con la misión que tienen establecida que todo lo que no sea su misión no es cosa de ellas. Que si hay algunas partículas que se salen  del trabajo que tienen que hacer no les queda nada más que dos soluciones o volver a lo suyo o suicidarse, y esto que tiene hasta nombre en la cienca: apoptosis, no se lo cree nadie.

 Y me llaman loca de remate cuando digo que el propósito de la vida viene  con nosotros, que no hay que buscarlo fuera pues mientras lo buscas estás perdiendo el tiempo y además no lo vas a encontrar fuera nunca. Porque el propósito de la vida es ni más ni menos que  entregar las experiencias, vivirlas, y extender la conciencia, y aunque no las entiendas saber que vuelven al origen, como decía Jesucristo y otros grandes místicos: ” vuelvo al padre”.

 Y el verbo se hizo carne y habitó en nosotros. La Iglesia siempre con sus mentiras; no habitó entre nosotros, habitó en nosotros. Sutil diferencia, pero crucial para entender que el verbo es aquel diálogo que hacemos con nuestras energías, y lo reflejamos en este cuerpo, soporte vital para tenerlas, y una vez asumidas devolverlas con la perspectiva nueva de saber y sentir que sirven para eso, no para hacernos sufrir hasta límites de enfermar.

 Loca cuando digo que tenemos poco tiempo para poder hacer que el planeta y todo el universo tenga, paz, benevolencia, que por el camino que vamos no  conseguiremos nada má que catástrofes. Sí ya sé que esto no es nada nuevo, pero  lo que sí es nuevo es saber que tenemos en nuestras manos poder cambiarlo, y hacerlo tan sólo  sabiendo la energía que destilamos.

Si no lo hacemos vendrán tiempo oscuros, tiempos en los que las ciencias sufrirán un retraso  manifiesto, aunque no ayuden en nada a buscar la felicidad, pero lo peor es que nuestro estado cognitivo sufrirá una ralentización de tal calibre que lo más sencillo para estos tiempos serán  problemas de una envergadura  fantástica, pues la matrix que nos tienen asignada seguirá su curso…

 Loca cuando digo y pienso que un buen número de mujeres están tan asustadas que buscan redimirse luchando contra el hombre, tratando de anularlo, de convertirlo en un esclavo, de hacer que sea un animal sin sentido o de que sea lo que no es, sin darse cuenta que viven manipuladas por hombres o por mujeres que piensan como hombres. Creen, con equivocacion total, que dejando al hombre tirado en la cuneta, abandonado como un trapo, dejando que su muñeca se convierta en trasunto vital varonil, van a conseguir ser felices, ser ellqas mismas, ser mejores, más valientes, más veraces, y a pesar de su buena intención no se dan cuenta de que no van por ahí las cosas, pues todos somos Uno, e ir en contra de eso no nos trae nada más que graves consecuencias, y veo cómo dilapidan su vida, navegando entre infelicidad y arrepentimiento, entre celos y tiranía.   

 Y  no busquéis la felicidad, no existe. Simplemente no existe. Buscar la paz interior, y ver que tú eres parte del Universo al igual que todos los que te rodean.

 

Y sí, por todo esto me llaman loca.

 

En ese momento se va la luz y me quedo en total oscuridad. No acierto a sentarme en el sillón orejero, porque en él, me cubro las espaldas y me siento más seguro. Es igual que cuando te acuestas y te arropas con la sábana, que pareciera fuera de un material impenetrable y te sientes seguro debajo de ellas, aunque en este caso no me sucede. No tengo miedo, no tengo ningún temor ni  me invade la ansiedad, tan solo una paz angelical que  se ve reforzada por una especie de vientecillo frio que penetra en mis huesos y que al tiempo de esto notó una pequeña vibración que  me susurra: ” Todo se está cumpliendo” y en esa oscuridad plana interminable, coqueta y absurda, me quedo de nuevo dormido o dormitando y vuelvo a ver esa imagen  borrosa que tanto me transmite.

El movimiento de la cortina, movido por el aire caliente del radiador, me despierta, y soñoliento, perezoso y muy cansado, miro al reloj. Son las cuatro de la mañana, hora en la que se dan todas las circunstancias para tener ataques de ansiedad nocturna, angustia vital y terrores nocturnos. Hora de brujas que antecede al despertar del sueño paradógico donde seguramente se han dado todas las informaciones que me valdrán para pasar el día siguiente  de la manera más natural. Espero que las informaciones recibidas en esa hora sean las que tienen que ser, porque si no el día no será buen

 

Me voy a la cama y las sábanas están frías. El invierno sigue haciendo de las suyas.

 

Ray Niebla

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