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Monólogos desde un diván La Frustración Por: Ray Niebla

Monólogos desde un diván

La Frustración

Por: Ray Niebla

No hay peor cosa que le pueda suceder en la vida a un ser humano que  frustrarse por cualquier situación, acontecimiento o situación, pero lo es aún más cuando  no encuentras el porqué de tal suspense en tu vida.

Este sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que esta imposibilidad provoca, puede llevar a la depresión;  a estar apartado del mundo a situarte muy por debajo de tus pretensiones y comportarte totalmente airado y desilusionado con el sistema que en ese momento ves,  y por ello se busca refugio en otras cosas para  llenar su vacío espiritual y descargar la frustración y la ira.

Todos estos pensamientos  los tengo en la cabeza cuando escucho por enésima vez la cinta de un muchacho de  veintiséis años que allá por los años ochenta se refugiaba en el rock, y en las mil y una  facetas que éste tiene para conformar a una serie de individuos totalmente frustrados por  el modo de vida en que la sociedad de aquel tiempo les imponía.

No es que haya cambiado mucho esta percepción de la vida, y ahora, los muchachos de este mundo se comportan de igual manera  sin saber manejar las frustraciones que les acompañarán toda su carrera vital. Algunos logran vencer todo este maremagnun que entra en su cabeza, todo ese ruido, y logran llevar una vida más o menos razonable, pero hay otros muchos que no logran vencer estos miedos, porque a la postre es un miedo cerval a la existencia, y no concilian,  ni aún acudiendo a profesionales que como yo, poner paz en sus sentimientos, aunque lo intenten.

Aún en la soledad de mi buhardilla, y dedicando tiempo, mucho tiempo, a elaborar respuestas para ayudar a todos los que a mí acuden, no logro desentrañar los misterios que se escapan por la rendijas de mis pensamientos, y tengo que hacer un esfuerzo extraordinario para no frustrarme yo tambien, pues al fin y al cabo soy un ser humano que utiliza algunas herramientas que he aprendido de otros, pero que de cualquier forma lo que me sirve a mí, no le puede servir a otro individuo de mi especie, porque no somos iguales y ni siquiera nos parecemos.

Cuando termino de escuchar la cinta,  que reproduzco a continuación, me queda  un regusto amargo al saber que comparto con él todos  y cada uno de sus sentimientos, aunque la única diferencia es que yo sé que no me van a hacer  daño, mella alguna, pero que al él lo están matando y no le dejan vivir, porque son verdades tan metidas dentro de él que le va a ser imposible recuperar  la paz que desea, en tanto en cuanto no proceda a eliminar el credo de su programa y centre en él toda  su capacidad de entendimiento, dándose cuenta que yo no puedo hacer nada por él si  nada quiere hacerse a sí mismo.

“No hay en esta vida  mayor dolor que  ser un mediocre y saber que lo eres. Es tan frustrante que la ira te invade, el dolor te reconcome y la ansiedad hace una mella en ti que te dan ganas de matar a todo el mundo, de destruir todo lo que hay a tu alrededor.

No duermes, no vives, no descansas buscando la manera de romper ese dolor creando algo que te haga salir de esa mediocridad  de la que eres consciente, y cuanto más haces, más frustrado te sientes, porque no ves ningún tipo de reconocimiento en  todos los que andan a tu alrededor.

Pero claro, esto es como una pescadilla que se muerde la cola, cuando crees que has dado con la solución y te pones a pintar un cuadro a hacer un poema, una escultura, una disgresión sobre la vida, o simplemente a hacer un chiste, cuando estás en reunión, y nadie  se rie; y no sólo eso si no que nadie te mira, o ves una cara de asombro ante tu desfachatez, entonces brota en tí  la ilusión de ser un mercenario y coger el mejor arma posible y quitar de en medio a todos estos mentecatos que no saben apreciar lo que estás haciendo, el esfuerzo que estás llevando  a cabo, pero en realidad lo que te pasa es que  eres consciente que no sirves ni para contar un chiste, ni para hacer una escultura, un poema o un cuadro que guste a los demas.

¡Dios! Es una sensación que parte en dos toda tu alma, que doblega tu espíritu hasta llevarlo a la cima del dolor más arraigado, y entonces comienzas a pensar en todos esos ridículos artistas que no han logrado llegar  ni a ser seres humanos y todo el mundo los reconoce como dioses, como genios, como seres privilegiados que cualquier cosa que hagan será bienvenida, bien recibida y con los parabienes de una sociedad obsoleta que no sabe apreciar lo que de verdad está bien o está mal. Aunque en verdad, la realidad sea otra, para tí esta más que clara. Los que te rodean no saben nada de la vida, del hombre, de sus ánimas y de sus comportamientos. Están locos, y entonces tiras de tu memoria para recordar a un golfo, borracho y mujeriego como Mozart, a un mal hombre como Picasso, a un suicida como Hartzenbusch, a un inmoral como Rousseau, a un vanidoso como Platón, o a un enfermo mental como Becquer, Aleixandre, o Van Gogh, y así  podrías enumerar a unos cuantos más que en sus locuras han hecho, o eso dicen algunos que han hecho, las mejores obras que en su tiempo se pudieron hacer. 

Entonces te preguntas si es que tú has nacido antes o después de tu tiempo, o simplemente que tu mente no da para más, que eres un maldito mediocre, uno más del montón y odias a muerte a todos estos cretinos, a estos engendros que supieron ver la forma de medrar en la vida haciendo las cosas que mejor sabían hacer, o que después alguien dijo que eran obras únicas. ¡Valientes esperpentos! Pues hay algunas de esas creaciones que son verdaderos engendros como sus autores. 

Y te vuelves a preguntar si todo esto no es nada más que un espejismo, un sueño del que no quieres despertar, porque te está enseñando más cosas sobre la vida, y porque cuando despiertes te darás cuenta que sí, que tú también puedes, y entonces la felicidad será mayor.

Pero la desilusión se hace más patente cuando recuerdas que eres consciente que tú eres un puñetero mediocre, anodino, gris, común, insustancial, uno más del monón, y que ni hay espejismos, ni hay nada en tu cerebro que haga vislumbrar que puedes hacer algo que haga historia, que te haga lograr la fama, el reconocimeinto de los demás, o que puedas tener un padrino que te bautice todos los día y te bendiga cada una de las cosas que hagas y por ello seas bendecido por todos. ¡Una mentira! aunque sólo sea una mentira, quiero dejar de ser un mediocre, un soso, un insípido, un insulso,  y vendería mi alma al diablo con tal de conseguirlo.

Ya ni siquiera el llanto cotidiano me da fuerzas para seguir luchando; ni el llanto, ni el lamento, ni siquiera la venganza de lo que la sociedad ha hecho de mí.  Sólo me queda el dolor, neto, oscuro y silencioso, que me conduce por las simas de la resquebrada naturaleza y ni siquiera vivir me hace mella. Me hago cada vez más pequeño, más oscuro, más desmembrado mental, menos eterno y más consciente de que mi naturaleza es así.

Por ello, y antes de que sea tarde, lograré de mí, lo que nadie ha logrado: morir y vivir al mismo tiempo”

Y ahí queda todo, pasmado y contrito, me quedo ensimismado en mi altar de pensar, en mi regocijado sillon orejero, y sin saber porqué me dan ganas de llorar, de mandar al infierno toda la barahunda de observaciones, de trabajos de hechuras, confirmadas o no por los demás; de querer entender cómo funciona la mente del ser humano; de los otros seres humanos, cuando apenas he vislumbrado entender a la mía.

Pero  el alma de estos seres que como yo, nos desplazmos por la tierra como entes acrisolados en un mar de tenebrosas entendederas, no hay lugar para el desánimo, ni siquiera hay lugar para pensar en estas otras personas que  no sólo se desplazan, si no que han entrado en su mente y ven lo proceloso de ella, asustándose de tal manera que no les queda sitio, ni espacio, ni tiempo para saber que todo esto de aquí, no es nada más que un tiempo, un espacio y ni siquiera hace falta saberlo, porque dejándote llevar encontrarás aquello que has venido a buscar: amor, odio, entendimiento, sabiduría, paz… y por mucho que hagas para salir de ese camino, no te valdrá de nada si antes no estructuras tu programa. Y esto es tan complicado y sencillo a la vez que no te das cuenta. Cuando te enteras que sólo tienes que hacer lo que decía, entre otras muchas cosas, Descartes,   ves la luz y entonces comienzas a disfrutar del cielo, estrellado de una buena tormenta, de una discusión sobre política o simplemente degustando un buen potaje de lentejas. Para poder desarrollar la mente hay que primero renunciar al hecho de entender y entonces comenzar a contemplar” o dicho de otra manera: olvida todo lo que sabes y comienza a ver de otra manera.

Ray Niebla

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