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Monólogos desde un diván Psicópata Ray Niebla

Monólogos desde un diván

Psicópata

Ray Niebla

Si hay algún estado más sobrecogedor que sea consciente de su maldad, para el ser humano, ese es la de tener como naturaleza propia la psicopatía. No voy a hablar de ella como enfemedad, puesto que no lo es, si no de aquellas entrevistas, que ya lejanas, se asoman a mi ventana en estas cintas guardadas con tanto mimo en esta buhardilla, donde paso mis noches.

La cárcel Modelo de Barcelona, o la de Carabanchel en Madrid, la una en la quinta Galeria y la otra en la Tercera, y otras veces en la Séptima, fue donde saque todo el material para establecer pautas y ayudar a quien pudiera con ello; allí era donde se “hospedaban” en sus “chabolos” los más terribles asesinos, cuyos crímenes habían sido cometidos de las maneras más horrorosas que alguien pueda conocer. No podría argumentar que no me diese lástima ver a aquellos hombres con sus caras de asesinos, con sus vidas atormentadas por las vivencias que habían tenido que sufrir, y por las carencias, tanto afectivas como sociales, que sin duda a muchos les condujo por la vida como si fueran auténticas alimañas, pero a casi todos se les notaba, si no arrepentimiento, sí cargas de emoción.

Ahora bien, no puedo decir lo mismo de ese, casi, uno por ciento que se mostraba no sólo orgulloso de sus andanzas, si no que ni se arrepentían, ni se sentían culpables por nada. Es más, casi todos de esta ratio volverían a repetirlo. Una conclusión de las más llamativas para ese tiempo y para esa forma, fue la de saber que casi todos no tenían nada contra la sociedad en general. No tenían odio, ni pasión; no sentían que tenían que matar porque eso calmaba su falta de empatia, o su rencor, no, aunque había de todas las clases, sólo eran muy escasos los que sin duda se mostraban más abiertos a hablar o a fantasear con sus víctimas, porque eso sí, fantasías tenían todos. Su mentalidad psicopática, hacía que estuvieran metidos en mundos ajenos y sólo veían sus realidades. Nada parecía alejarlos de sus respectivas personalidades, cada una con sus características propias. Algunos de los que componían esta ratio tan pequeña, pero tan sugestiva para un estudioso como yo, tenìan caras de ser hasta buenas personas. Se podrìan mezclar con la sociedad, que por cierto, sabemos que más del dos por ciento tiene personalidad psicopática, aunque nunca lleguen a cometer actos tan terribles como los de estos personajes, y pasar desapercibidos. De hecho hoy se sabe que pueden convivir con nosotros fácilmente, pues la mayoría son individuos “normales” de los que nada puede hacer sospechar que puedan ser unos depredadores. Y algo que me llamó mucho la atención es que nunca hubieran imaginado, ellos mismos, que serían capaces de hacer algo así. Piensan que “algo” desencadenó su furia, algo se rompio o anido en su cerebro sin que ellos lo quisieran. Todavía en el año dos mil dieciocho no se sabe muy bien cómo funcionan estos seres.

Pero fue un madrileño de veintisiete años el que más me llamó la atención. Había sido condenado por dos asesinatos, pero se sabía, aunque no se había podido probar, que había matado a más de veinte personas. Todos ellos desaparecidos, sin que hubiese habido ningún rastro. Seguramente llevaba matando desde los dieciocho años, y se mostraba altivo, orgulloso diría yo, de sus fechorías; decía que él había nacido para eso. Pero no adelantemos acontecimientos, y ahora mismo voy a transcribir lo que me contaba en una de sus entrevistas conmigo.

“De verdad que la gente vive en la inopia, porque piensa que los que hacemos estas cosas, sí matar gente, seres humanos, no me mires con esa cara, somos unos descerebrados, unos monstruos que lo hacen porque tienen un montón de traumas, y que han sido maltratados por sus padres, violados o como mìnimo mal estructurados mentalmente, y no es así.

Yo mato porque me gusta, porque está en mi naturaleza, porque nací para esto, y por ello no voy a estar arrepintiéndome toda la vida. No, no soy un monstruo, aunque la mayoría pueda pensar lo contrario, porque matar está en la naturaleza misma del hombre y de los animales. Sí no seas tonto, los animales matan no sólo para comer, si no por rafias familiares, rencores o venganzas.

Y qué podríamos decir de las guerras, ese tema tan manido en el que se puede matar, cuanto más mejor sin que nadie te diga nada, al contrario te feliciten y te digan que eres un héroe,y te condecoren haciendo gala de todo lo que has matado. Sociedad imbécil que se pudre en sus propias defecaciones sin que sienta que la vida es lo que es: muerte, porque la muerte es la otra cara de la vida y morir no significa nada, es simplemente cambiar de estado.

Yo tuve unos padres que me criaron con amor, con cariño, con respeto, con dedicación, y me dieron una educación exquisita. Estudie en la Universidad Complutense de Madrid la carrera de filosofía y ya en las asignaturas propias de esta disciplina veía yo la falsedad de las mismas y adquirí el conocimiento suficiente para poder discernir qué es la vida y que es la muerte y comprendí, cuan fácil sería hacer desparecer a los propios de mi especie sin que nadie se enterara de nada, porque en realidad a casi nadie le importa nada, aunque nos llevemos las manos a la cabeza cuando alguien como yo hace que dejen de existir alguno de los miembros de esa sociedad hipócrita, falsa y medio dormida, y una vez pasada la comedia todo el mundo a sus buenas viandas y a su quehaceres diarios, porque así es la vida. Y no, la vida no es así.

Decir que la compulsión por matar es una aberración, y que los psicópatas estamos en ello, es la mayor estupidez, digna y propia de interesados y listillos argumentistas que no saben nada de nada, pero dicen chorradas que todo el mundo cree, porque yo no tengo compulsión, simplemente soy un cazador. O ¿acaso los cazadores? Sí, todos esos que se van a la caza de animales salvajes porque les da la gana, tienen compulsión de matar. No, lo hacen porque los entretiene, porque hace que sus informaciones de matar se vean paliadas por el tiro a un pobre animal que nada les ha hecho, y eso pasa conmigo, aunque sea un poco más complicado y tú nunca lo vas a entender. Si te digo que vibran en la onda de lo que otros antes que ellos pensaron, me dirás que no sólo soy un asesino si no que además estoy loco de remate. Pero en realidad es que os enteráis de nada Estoy seguro que todos estos que manejan las armas, y las cuidan y las miman, si no pudieran hacerlo habría más muertes de seres humanos, porque el uno o el dos por ciento de ellos lo harían. Vibran en frecuencia ya formadas, por ello son diferentes. O ¿no son diferentes los cazadores?

Me resulta curioso ver cómo se dedican inmensas fortunas a las más insospechadas investigaciones y no se dedica ni un euro, a tratar de discernir qué es lo que ocurre cuando alguien mata sin motivo alguno, aunque tengo que decir que eso si sería una aberración hacerlo, porque no se llegaría a ninguna conclusión. Somos cazadores, pero porque nos hacen que lo seamos. Sí, todos sabemos que el cerebro no es el que piensa, si no que sólo recibe, y el que piensa es el cuerpo social, es la sociedad la que quiere matar y algunos vibramos en esas frecuencias y tomamos la opción de hacerlo, porque cuando vibras a ese nivel, te puede costar media vida dejar de pensar en ello. Y esto vale para cualquier cosa que hacemos, pero estoy seguro que si nadie pensara en matar, ninguno de nosotros mataría. ¿No lo entiendes verdad¿ claro cómo lo vas a entender si estás metido en tu matrix y de ella no vas a salir aunque te den con una piedra en la cabeza, que por cierto es una buena forma de cargarse a alguien.

A todos estos piojosos, que ves aquí, que están condenados por matar al alguien en un pelea, una discusión o una borrachera, no sólo se arrepienten de haberlo hecho si no que apenas duermen cada noche llorando la pena de estar encerrados si en realidad ellos se sienten inocentes porque no querían hacerlo, pero lo hicieron porque llegó el momento y vibraron en esa onda, y en ellos se desencadenó la orgìa de sangre, como dicen y escriben todos esos tontitos escritores de pacotilla, sobre esto, sin tener ni idea de lo que están diciendo, porque en realidad ellos no son nada más que la mano que comete el hecho, pero el que lo ha diseñado ha sido la sociedad. ¿No te enteras? porque pones una cara que da risa. Sí, la sociedad es la culpable de que haya muertes, de que haya seres como yo que seamos cazadores, porque nuestra vibración está siempre en esa línea.

Pero bueno, como esto te parecerá una disculpa de filosofía barata, pues te vuelvo a repetir que yo cuando salga de aquí, seguiré haciendo aquello para lo que nací. Y ni Dios ni nadie me podrán culpar de nada porque estas experiencias tiene que transmitirlas alguien a la Esencia que en realidad es lo que vinimos a hacer en este mundo. La Esencia ya es, sabe lo que Es, ahora tiene que entender lo que no es” tampoco sabes de qué hablo ¿verdad? Pues nada, sigue con tus notas, con tus escritos y la verdad que la tienes ahí, tan cerca que te está tocando, ni siquiera te atreves a conocerla.

Y así, con esta diatriba dejada encima de la mesa, como si no dijese nada, dio por terminada una de aquellas entrevistas que me dejó con mal sabor de boca, y con la sensación de que estas cosas seguirían sucediendo sin saber porqué pasan, y sobre todo porque aquello de que la sociedad era la culpable de todo lo que pasa me dejó tal cacao mental del que todavía no me he recuperado.

Si no entendí mal, no se trataba de que la sociedad creara a estos seres, por su forma de educación, por su manera de estar en el mundo. Al fin y al cabo parece que estamos ante la estructura mental de un anormal que se dice cazador aucndo en realidad es un monstruo, pero no es esto lo que parece decirnos, si no que la violencia de una sociedad mediatizada por ella hace que estos individuos se conviertan en horribles criaturas. No lo sé. Se me escapa, y tampoco se de nadie que no se vaya or la ciencia oficial, que casi toda es mentira o está sesgada, que haya estudiado el tema desde esta perspectiva.

No sé lo que habrá sido de aquel joven, de aquel asesino, cazador según él, ni sé si salió, o murió o sigue haciendo de las suyas, aunque no le hayan cazado, pero lo que sí sé, es que dejó una profunda huella en mi camino y que por más que he intentado por todos los medios a mi alcance entender el significado de sus últimas palabras, no ha sido posible, porque siempre ha habido algo que me ha hecho desviarme de la cuestión. Tal vez sea la propia naturaleza la que crea esta extrema violencia en algunos de los seres que vivien en ella, o tal vez sea cierto que las energías se yustaponen para hacer ver que algo estamos haciendo mal, no lo sé, aunque sigo intentándolo.

Entiendo, puedo entender que el mal y el bien son dos caras de la misma moneda, y que en el universo nada hay bueno ni nada hay malo. Todo es lo que es, y también entiendo que si cada uno de nosotros tuviera como premisa principal no tener malos pensamientos, a lo mejor individuos como éste tendrían razón, pero esto es como dársela a un asesino y esto puede justificar que estos hechos sigan sucediendo, aunque me temo que diga yo lo que diga, “seguira girando”

Ray Niebla

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