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¿SE ESTÁ GESTANDO EL AUGE DEL PREFASCISMO DEMOCRATICO? EVES.REVES

Eves Reves

Esta incógnita tiene mayor transcendencia de lo que creemos. Asistimos perplejos al surgimiento de esta tendencia en los votantes y al advenimiento de estos partidos al poder en Occidente, y ni tan siquiera se hace una reflexión seria, ni política, ni mediática sobre cuáles son las causas que originan este rumbo. Acusaciones simplistas e interesadas vuelcan la culpabilidad en los “POPULISMOS” de todo tipo; más detrás de esta actitud acusadora podemos encontrar parte de la verdad y de los motivos de esta deriva. Ese reduccionismo en lugar de calar en las causas reales, esconden los errores y el cruzarse de brazos en tanto se arriba el devenir este previsible futuro. Quiero creer y es de desear que en “establishment” instalado en el poder haya más ceguera que intencionalidad de que se escriba así el futuro.

El medio sociopolítico y cultural instalado se vale de la prerrogativa de prejuzgar y etiquetarlo todo con el ánimo de defenestrarlo. Así se hace con las corrientes sociales, los movimientos políticos o con las personas. Nosotros mismo, imbuidos de este paradigma, caemos en este error de sentenciar de manera incuestionable a los demás. Desde este programa, las personas, seguimos la pauta marcada de etiquetarnos y juzgarnos todos a todos. Creamos la imagen en la que encuadrar al, o a lo, etiquetado y esto pasa a formar parte de cómo, sin conjetura, veremos las cosas. Con ello todos nuestros juicios e interpretaciones estarán supeditadas a ese perfil que creemos ver, y en consecuencia, lo que daremos por cierto, y la “verdad” dependerá del filtro que le apliquemos.

Inicié una nueva serie de artículos con un titular con el que bien podría etiquetárseme como “Antisistema”. Y lo grave de esta etiqueta, son las propiedades que se le adjudican, ya que está marca te estigmatiza con la intención malévola de encuadrarte y prejuzgarte como alguien maligno y destructor. Lo que quiero resaltar con el ejemplo propio, es el paradigma que ha interpuesto este Sistema y el que, cuan borregos, aceptamos. El programa de etiquetar y prejuzgar no es un programa inocuo, es un mecanismo más de los que se manejan. No se fomenta que sea así de manera fortuita y sin intención, pues detrás de este programa que practicamos, en lo individual y en colectivo, late el objetivo de división y confrontación. Este programa hace más fácil el control del poder sobre el gobernado, ya que extirpa lo que considera y forja la desunión y la separación, y es principio fundamental activo, de la parte egótica del Hombre que impide ver el mundo del bien común y del Amor.

Reflexionemos sobre la etiquetación en el ámbito de lo colectivo; y hagámoslo desde este fenómeno de giro que toma la política hacia la ultraderecha y que los poderes gobernantes y mediáticos culpan de proceder de los “populismos” todos. Sopesemos la cuestión: En los últimos tiempos, como consecuencia del mal gobiernos de la clase política en general, dependiente y proclive a los intereses del gran capital, legislando descaradamente en pro de ese capitalismo y sus elites corporativas y empresariales, en tanto los pueblos, son víctimas de la miseria, del hambre y de muerte, injusticias sufridas incluso en carne propia en occidente, y en la carne ajena de hermanos distantes, ante tanta iniquidad, multitud de ciudadanos han levantado su voz. Amplias capas del pueblo y de la ciudadanía, otrora inerme, desinformados y dormidos, se han plantado, y lo más loable es que lo han hecho de manera pacífica, alumbrando la corrupción y dando visibilidad a la putrefacción que corroe la vida pública y política, así como el Sistema que lo ampara. Los movimientos sociales emergieron masivamente en muchos estados occidentales, e inclusive y de formas muy distintas en otras partes del mundo. En algunos de estos países, como es el caso del nuestro, esto que llaman populismo cuaja en partidos políticos de corte de izquierda que, sin pelos en la lengua, clamaron con acritud e ira justa contra la corrupción imperante y lo injusto de sus leyes, que se legislan distintas y siempre en favor del poderoso y en detrimento del pueblo llano.

A lo largo de la Historia, las rebeliones, que en muchos casos cuajaron en revoluciones, fue la fuerza y motor que hizo progresar a la civilización y a los pueblos: de la nobleza contra el absolutismo del rey, de la burguesía contra los poderes aristocrático, las luchas gremiales y de mercaderes contra arbitrios y tasas comerciales y por el contrario, muy pocas surgieron de la miseria del pueblo llanos, que inculto e ignorante, fue fiel siempre a lo que se les hizo creer y defender. Si bien es de lamentar que, para que ese progreso se diese, fue generalmente preciso de la violencia y la muerte, hoy día, ni cabe ni es posible hacerlo de manera violenta, pues, tanto el Sistema global constituido, dueño de la fuerza militar y bélica, y del uso coactivo y de control de los mecanismos que pone en juego el poder, así como la propia actitud general y de conciencia ciudadana que se rebela pacíficamente y sabe lo inviable e inútiles de tales métodos de cambio. Estamos en un estadio, y estado del juego, en el que la información y la conciencia consciente que buena parte de la humanidad ponemos sobre el tablero son las armas que pueden y deben llevarnos hacia el cambio evolutivo que procede, en buena lógica acontecer y ser, si no lo abortan las elites involutivas. Cierto que en eso que tildan de “populismos” de forma genérica y sin mayor distinción, puede haber resentimiento ante la injusticia y dolor vivido, es humano y de pleno derecho que así se perciba, en la fraternal identificación sentida con el que sufre; inclusive puede, como bien dice el dicho, al afirmar que “en todas partes cuecen habas” que algunos imbuidos del rencor mayor puedan llegar al odio, y también que haya otros arribista, o ambicioso; en que estatus no los hay; más nada de esto puede invalidar jamás las fuertes razones y la verdad que defienden, ni justificar ese prejuicio y etiquetación de “populistas”, pretendiendo en verdad, algo mucho más obvio y erróneo, como es el silenciar la verdad y esconder su falta de valor y honestidad para afrontar lo que en justicia deberían hacer.

Antes de continuar quiero introducir un breve inciso para destacar como muchas personas bien intencionadas cuando analizan los presuntos antisistema y populismos y se escandalizan lo hacen desde la perspectiva limitadora de que el sistema imperante es el culmen mejor de posibilidades de organización política y social a que puede aspirar la humanidad y se revuelven en sus temores ante cambios profundos  de mayor equidad. Cierran los ojos al dolor que sufren otros y justifican que sea así. Habría que verlos en las circunstancias de esos otros.

La actitud conservadora de lavarse la cara y dejar todo tal y como está tiene dos vertientes: la de los que se aferran al poder por adicción a este y a sus prebendas, presos y esclavizados a su egoico proceder, y la de los que les encumbran y les mantienen en su estatus. Si a los unos cabe achacarles su incultura, ignorancia y miedo, amén de, en la otra gran mayoría de estos, su también fuerte adicción posesiva. Los menos, las elites dirigentes, atenazados en el ansia de más y más poder y riqueza, contraviniendo lo que es esencial con lo que es superfluos, desvirtúan su propia naturaleza de ser, perdiendo el norte y dejándose arrastrar al límite insospechados de sus propios valores, corrompiendo y pervirtiendo su mundo y al mundo en el que viven. Víctimas de sus mentes extraviadas y locas erigen su altar del sacrificio donde su victimario de mansos y opositores es defenestrado en la metafórica hoguera difusora del terror y del miedo para que vivencien unas vidas limitadas que les embargará e inhibirá en propiciar que nada cambie a mejor. No juzgo a estos enfermos, ni los sentencio con mis firmes palabras y aseveraciones, son sólo pobres diablos que yerran en su locura, y bajo el equívoco proceder que nos ocupa ahora, están gestando el cultivo que germinará mañana en el devenir de un futuro aún más cruento y doloroso para todos. ¡Cuánto más dolor será preciso sufrir para que aprendamos!

El hombre en esencia es y siente el anhelo de libertad, fraternidad y vinculación con sus semejantes y tiene el sentido innato de lo que es el bien, la justicia y la verdad, por lo cual, cuando sabe de la injusticia o de la malignidad algo hondo brota del fondo de su alma que le induce a rebelarse, sólo el miedo coarta e inhibe estos anhelos de repulsa y rebelión, por eso “el miedo” es el alimento que los locos suministran a la muchedumbre. Más aherrojar esta innata naturaleza, cercenar y reprimir la salida y no resolver los problemas con justicia no puede sino atraer más respuesta y reacciones viscerales y temibles. Cuando la oferta del poder a la justa demanda del pueblo se traducen es un simple lavado de cara, de soluciones aparentes y de discriminación de quienes abanderan cambios reales y se les sentencian con el epíteto descalificador de “populistas”, que acertados o desacertados en sus formas y maneras, pero no por ello huérfano de razones se está caminando por sendas torcidas y equivocadas, y que independientemente de quién, y desde donde se diga, se requiere de honestidad y valentía para afrontar el encauzar sin tapujos por donde debe discurrir la solución; más, la evidente decisión de acallar el clamor “populista” y defenestrar los “populismos” es uno de los burdos y graves errores que la democracia acomete, ignorar, dejar sin respuesta, ni solución la demanda de millones y millones de ciudadanos, en lo circunscrito a nuestro aquí y ahora nacional, del mismo modo que está sucediéndose en el resto del mundo, que clama por otra relación y mundo distinto, es como dejar la mesa coja y pretender que no se caiga. Cortar la pata que representa al ciudadano y al pueblo llano, pudo no tener consecuencias antes, ahora en un Occidente con democracias, aunque imperfectas, pero con información y consciencia no es tan fácil.

Si el Sistema no pone remedio en la dirección adecuada este cáncer sistémico inducirá al Mundo a sufrir más aún de lo que ahora sufre. La ceguera y sinrazón que nos gobierna, metiendo en el mismo saco todo lo que no les es favorable a su propósito, etiquetando lo que llaman “populismos” sin distinguir su afinidad al bien común, abstrayéndose de ver lo que son las causas de lo que son sus efectos. Y como esos populismos iniciales, que son partidos pero también pueblo, que brotan del sentimiento del amor común, de la razón y de la aspiración de progreso y justicia pero para todos y lo otro, la respuesta y consecuencia, lo que ellos están propiciando, que devendrá y surgirá merced a su negativa de dar cauce y soluciones al clamor popular de equidad y justicia. No entienden, o tal vez no quieren entender, que no dar solución a las demandas, y atrincherarse férreos en defensa de sus prebendas e insuflar miedo a los ciudadanos contra ese “populismo sano” al que ellos maldicen, que es al fin y al cabo, el pueblo al que ellos deberían servir, con ello, lo que están proyectando es que estos ciudadanos, en su frustrada expectativa deriven su reivindicación a la hora de votar en favor de partidos con improntas firmes, autoritarias, con tintes totalitarios y pre fascistas para auparlos al poder. Y no es tan solo la frustración lo que inducirá a estos ciudadanos a decidir así, sino ese mismo miedo preconizado y alimentado por el poder que desestabiliza emocionalmente a los ciudadanos. Pues, ¿no prometen acaso, estos autoritarismos nuevos, paliar los miedos e inclusive saldar los males, que ellos no quieren saldar, con seguridad, orden y firmeza? Acaso creen los que mandan qué, esas masas harta de miseria e injusticia, independientemente de partidos, viendo sus demandas desechadas, les van a dar un cheque en blanco para que todo siga siendo igual, no comprende que como dice el dicho popular: “de perdidos al río”. Y esa masa ciudadana, con ansias de equidad, justicia y seguridad auparan a esos indómitos y virulentos líderes radicales y totalitarios para que les salve. ¿Acaso no ha sido así como ha sucedido en los EEUU de Norteamérica? La gran incógnita, que tal vez que no queremos ver en este análisis, es que a lo mejor no acontecer nada al azar, sino que este contexto y opción es el prediseñado por algunos.

Quien en su sano juicio no identifica este caótico mundo enfrentado en guerra, muerte y destrucción el símil y ambiguo escenario metafórico del profetizado Apocalipsis, y no ve como cabalgan raudos los Cuatro Jinetes del Apocalipsis sobre la herrumbre y el hacinamiento de los cadáveres de tantos y tantos inocentes que pueblan e inseminan los campos yermos y desolados. Cuánto dolor más precisamos experimentar para, desde el alma destrozada, germinar y dar a luz un Hombre nuevo, tal como preconiza ser en la profecía.

Eves       https://www.facebook.com/Eves.reves

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