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SI, YO SOY – RAY NIEBLA.

Si, Yo Soy

Ray Niebla

 

 

 

 

Sí, yo soy lo que quise ser, y vine para hacerlo,para entender qué es lo que hay, qué sucede y porqué; cuál es la finalidad de estar aquí; pero… cuando llegué lo olvidé todo. De tal modo lo olvide que ahora no sé quien soy.

Leí, entendí, reflexioné y viví. Los clasicos me ayudaron, los psiquiatras me inventaron, los actores me redimieron, los payasos me encumbraron y las novelas me soslayaron eL  porqué de mi existencia, y volví a Platón y sus ideas, y olvide a los Sofistas y su relativismo moral, lei y estudie a fondo la Escolástica, incluso los límites de la razón y la fe, volvi a Dios y la transcendencia, y entendí que la Esencia es una verdad que nada tiene que ver con la fe, y que también Locke o Berkeley tenían razón y nuestras impresiones van hacia el límite de nuestro conocimiento. Lei a Hume y me di cuenta que si la razón es incapaz de entender cuáles deber ser las reglas de los juicios morales, menos tendrían que ser los sentimientos, pues estos no sé tampoco de donde vienen. Ni siquiera sometiendo a juicio la razón entendí qué estaba pasando, ni tampoco el contendio de la Dialéctica, en lo que cada cosa es lo que es, pero siempre en relación con la totalidad de lo real, pudo aclarar aquello que cada día me preguntaba. Y ni Hegel, ni Comte, ni Marx, ni el Humanismo, ni el Materialismo, Historicismo o Vitalismo me hicieron desistir de la idea de que tenía que ser libre. Y Voví a Yung y sus arquetipos y sus sombras, a Freud a Adler o la Psicología positiva, e interpreté mis sueños y entretuve mis impaciencias, pero de nada me sirvió.

Seguí inventando mi vida, seguí andando un camino que nunca entendí y que me llevó hacia derroteros inclinados y sumisos u otros más redentores. Caí en la desesperación de la inteligencia, en el ardor de la vanidad, en el pesado orgullo de la sabiduría enclenque y estulta, en la extraña cobertura de la esperanza y en la imbecilidad de creer que seríamos muchos los que entenderíamos qué es lo que sucede, pero me llevé el chasco de mi vida. Sentí que cada día operaba en los quirófanos de la estupidez más cochambrosa y que la navaja de Ockhan cada vez estaba más presente en mí, porque entre tanta absurda red de conocimientos, la simpleza organizaba mejor mis ideas y por ello entendí que lo que vine a buscar estaba en la sencillez, en la árdua paciencia de encontrar la sencillez. Pero ahí estaban los otros para complicarlo todo, para enrarecerlo todo, para hacer que no fuera quien soy, sino lo que quieren los demás que sea. Y Me reí.

Sonaron trompetas de fe, argumentos inválidos de testosterona, fiadores de personalidad, agüeros de buena entidad, y extrapolé todo ello a la singularidad de mi estupefacta existencia, volando nubes y bajando a los ardores de aquellos lares infernales donde la vanidad, el orgullo, la fe, la estulticia, la esperanza, y la caridad no sirven absolutamente para nada; y de nuevo nada entendí, mas seguí riendo.

Caí, me levanté, de nuevo volví a caer y de nuevo me levanté, y así una y otra vez, entrando en ese círculo oscuro y mequetréfico de la vida donde las rutinas se parecen unas a otras con tanta nitidez que creo que son todas iguales y no lloré, no gemí, nunca sentí que aquello podría estar pasándome a mí, porque aquel no era yo, ni tan siquiera me parecía, y me alegré y sonréi de poder estar ahí, tan cerca y tan lejos de lo que yo era, podría ser, o haber sido, de todo aquello que hacía que mis sentidos se manifestaran de una forma especial; tan extraña a lo que yo quería que comencé a pensar seriamente quién de verdad era yo.

Espejo deformante de la imagen plausible y sombra cautiva de realidades falsas que enturbian manifiestamente una y otra vez la realidad, nuestra realidad, mi realidad. ¿Qué realidad? Y los mensajes recibidos en el tiempo, siempre fueron los mismos, las mismas cosas y las mismas gentes, las mismas preguntas y siempre las mismas respuestas, y comencé a reirme a carcajadas de mi mismo intentando convertirme en Nadie, pues nadie es la entidad que más felicidad otorga a aquel que de verdad lo siente. Y como por arte de magia comencé a entender, a sentir, a comprender que la misión, la tarea, la hacienda, nada tiene que ver con lo que se nos ha hecho creer, me han hecho creer.

Mi existencia es inconsciente, mi vivir es irreal, mi sentencia es no tener conciencia de lo que soy, mi sueño es la pena que me otorga la felicidad falsa y oscura que vivo día a día y el espejismo de los demás se refleja en mí como un crisol de argumentos lógicos, pero sin lógica, de verdades de Perogrullo, pero sin perogrullo, de mentiras adornadas de filosofía que siempre parecen verdades y las únicas verdades siempre están escondidas dentro de mi, pero que una fuerza extraña, incoherente, maldita, a veces, hacen imposible su exteriorización, y por ello sufro la entropía del pensamiento que siempre me conduce hacia el mismo destino, siempre hacia el mismo camino, siempre hacia la misma gente, siempre hacia los mismos amigos, siempre al mismo tipo de gente, animales, cosas, siempre, siempre siempre.

Y así se pasan las vidas. Mi vida; toda una vida buscando, viajando, mirando intentado ver dónde está la verdad, mi verdad, entreteniendo mis recovecos mentales para no decirme a mi mismo lo que hay de verdad en todo esto, porque en el fondo el miedo agota mi existencia; el miedo a ver de verdad quien soy, lo que soy y como soy. El lado oscuro, ese que me han contado que forma parte de mí como si fuera un apéndice más, y en el que nunca creí, me acecha, pero me acecha porque al final me lo he creido y vivo en él, con él y de él; de tal manera me tiene hechizado, que las realidades se convierten en lo que quieren los demás, no lo que de verdad quiero yo, y el que dirán, qué pensarán, que conocerán, que sentirán me atenaza, y convertido en Nadie falso y obsoleto paso de ser conviviente a innecesario y miro a todos como si no existieran, como si no formaran parte de mí y entonces ocurre lo peor pues mi marginación mental acaba convirtiendo todo lo que me rodea en algo como yo.

La meta final está a la vuelta de la esquina y con la conclusión de ella entraré dentro del laberinto para desenfadarlo, desenrrollarlo, determinarlo y así llegar a cumplir la misión que yo mismo me encomendé cuando decidí venir a este mundo irreal y acceder a los conocimientos, a las hordas majestuosas del saber sin la necesidad medática de contarlo. Sólo para ser diferente o tan igual. No lo sabré nunca.

Penosa situación y alegre compromiso de sentirme diferente cuando creo soy exactamente igual que todos los demás. Y entonces el espejismo vuelve con más fuerza y me siento feliz; mi espejo se ha disfrazado de lo que soy, de lo que me dijeron que soy, y ya no me miro en él sino en mí y hago trizas a todo lo que me rodea, contagiando fatalidad, falsa felicidad y singularidad sin piedad alguna, y de nuevo, la rutina.

Y entre tanto, entre rutina y rutina, voy andando el camino, voy haciendo pasos seguros, voy encontrando lo que un día vine a buscar: la seguridad de que aquí no vine a sufrir, ni a ejercitar el placer que me dijeron había, y me lo envolvieron en papel de plata, si no a meditar silencios, a preveer futuros, a arreglar todos aquellos que estropee un día en la noche de los tiempos, en la noche donde dormir se convierte en el mayor seguro de salud, a reir de verdad, a ser apaciguado. Ya no hay en mí nada que haga retroceder los demonios, porque los demonios están en mí cuando no sé quien soy, ni siquiera enturbian mis ojos abiertos sin níngún ápice de somnolencia, porque el despertar ha sido beneficioso, con beneplácito con benevolencia, con asunción total de mi misión, y así, un día no se parece a otro día y una noche no es como otra noche, y todos los dias y todas las noches son diferentes, y en ellas encuentro todas las respuestas, y mis presuntas rutinas son convertibles en la paz, la deseada paz.

Cada vez, sin parecerlo, estoy más cerca de ser lo que fui, lo que quise ser y lo que seré de aquí en adelante, y no me dejaron serlo, pues me entrenaron para no ser, y por ello doy gracias, y sin ninguna necesidad lo hago extensivo a todo aquel que quiera ser lo que de verdad es.

Ray Niebla.

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